Tarde de verano

La tarde se cuela de través,
una luz brumosa de lenta marcha
ocupar su lugar;
soñando, un perro mueve las patas,
jugando a correr tras pelotas de colores
que caen delante de él.

La brisa mece ligeros recuerdos 
de niñez de niños 
que no se reconocen,
imágenes de personas cruzan borrosas,
tal que fotografías de larga exposición.

Por la penumbra huye el tiempo,
el tamiz es demasiado poroso,
espectros familiares silenciosos
como en un velatorio anticipado
me rien cuentos malos.

La tarde me lleva al trote,
soy un pasajero liviano de peso,
“I am a passenger,
and I ride and I ride”
asiente La Iguana despacio,
con gesto.

Sucede en una tarde cualquiera,
de cualquier verano.

Mi rincón

“Tarde tranquila, tarde de reloj lento, sin apenas haber caminado me siento en mi rincón, donde hace sol un rato, al siguiente la sombra, donde me invade esa bendita somnolencia que hace que todo se desvanezca dulcemente; el corazón se acompasa al segundero, veo la gente pasar como en una película, pero no se queda como en la vida, solo me queda mi rincón, el reloj, no necesito nada más…”

Aquellos días…

“Aquellos días en la pérgola…encuentros a medias, encuentros que empezaban tarde y terminaban pronto, demasiado…momentos que las ramas de los árboles intentan cubrir, como pensamientos que ya no pasan el filtro de la débil memoria…”

La Tarde

“La tarde en horas bajas, somnolienta, que desdibuja nuestro pensamiento, de ideas inconexas, dejándonos llevar, permitiéndonos acompañarla…”