Camino pródigo

Cálzate las botas y al paso,
hasta el horizonte allá,
si no inicias el camino
no llegarás jamás.

Ahora te das cuenta
fijando la mirada,
que aquella línea final,
aquella línea lindera
se mueve a tu compás.

Por detrás no viene nadie,
a nadie dijiste que te marchabas,
que a buscarte ibas aquella tarde,
que te encontraste,
que solo un poco moriste,
salvaste lo que pudiste
y el resto dejaste.

Es el camino pródigo,
donde el tiempo prestado
junta extraños vecinos
para hacer el viaje a tu lado.

Mañana

“Sigo dándole vueltas a la cabeza, resuelvo caminar hacia atrás y, con paso firme, recuperar el tiempo y la posición, ajusto el cinturón y echo los hombros hacia atrás, avanzo…mis pensamientos abren camino y las palabras me azotan el rostro, la lucha es dura pero sigo hacia adelante…cuando la falta de luz empieza a nublar mi vista aprieto los músculos, sujeto con fuerza mi mente y mantengo el empeño, todavía es posible un poco más…

…ya está oscuro y es momento de parar, de descansar, no ha sido un mal día después de todo, ya me contarás si ha merecido la pena, pero dímelo mañana…que mañana será otro día…”

El siguiente paso

“El siguiente paso, ese, el importante, el necesario, el que nos acojona porque no lo vemos claro…sabemos que hemos de darlo aunque lo retrasemos tanto como queramos…y bien, quién suelta la mano y lo da?”

Diez minutos

“Érase una vez un reloj y un cuco…un cuco cansado del tiempo, de su inexorable paso demoliéndolo todo que, armándose de coraje y osadía, decidió anunciar la hora por su cuenta aprovechando que el tiempo miraba hacia otro lado, levantando su pico al sol recitó todas las horas que le vinieron a la cabeza, incluso repitió varias hasta que, cansado y satisfecho, tomó el programa y se dispuso a anunciar las oficiales 3 de la tarde; todo ello duró unos diez minutos, diez minutos de sueños, diez minutos de libertad, de ser uno mismo…diez minutos más valiosos que todas las horas de todos los demás días…”