Era una tarde gris…

“Era una tarde gris de principios de otoño cuando me di cuenta del vacío, de la soledad que me acompañaba, curiosa paradoja, las personas habituales habían desaparecido, los pájaros, de haberlos callaban, algo cambió esa tarde, un nuevo sentimiento, más hondo, una nueva conciencia, más profunda, que nacía de dentro y formaba una burbuja a mi alrededor, ya nadie podría entrar en mi espacio; mientras, yo permanecía prisionero dentro de mi mismo, el viento arreciaba y pulía mi piel al pasar, pronto acabarían por verse los huesos de la calavera.”

Aquellos puentes

Dónde están los viejos puentes, a dónde se fueron?, éstos modernos nos hacen cruzar demasiado rápido; aquéllos donde el pasar a otro lado confundía origen y destino, donde el tiempo y el puente eran la misma cosa, donde la gente advertía la hazaña, donde, por corto que fuera, no se veía el final, el puente era el viaje en sí mismo; a dónde se fueron aquellos puentes que nos hacían llegar, y al atardecer volver con reflejos dorados o tempranas nieves; la verdad es que se nos ha olvidado cómo se construyen, cómo pasar de la teoría a la práctica a la hora de tenderlos, ya solo ponemos piedras sin sentido.

Tu mar

Ya toca el sol las olas,
desde el puerto solo veo
nubes en un océano sin agua,
espuma de un mar seco
que me salpica la cara
como látigo de cuero;
la tarde renquea, tarda
en decidir cuándo marchar,
pidiendo la luna permiso
para encenderte un fanal;
y dices que eres real,
que lo eres porque te veo,
no sabes que mis ojos ya
no ven los luceros,
solo recuerdos de postal,
quejidos en blanco y negro,
para seguirte me quedo,
solo quiero ver tu mar.

Figuras

“Algunas fuertes, recias, decididas, vigorosas,
otras vacías, sin presencia, apenas un relieve, 
así como caminamos todos los días, 
días mejores y días peores, 
pero una parte la ponemos nosotros
independientemente de cómo nos traten las circunstancias, 
no podemos modificar todo a nuestro gusto, 
pero sí podemos hacer más casi siempre. 
Estas figuras no dejarán nunca de caminar hacia adelante, 
deberíamos hacer un poco como ellas, 
agachar un poco la cabeza, subir los hombros, 
y en marcha, 
la inercia nos ayudará a echar a un lado 
lo que no nos sea conveniente, 
la decisión mantendrá el paso firme”.

Tarde de verano

La tarde se cuela de través,
una luz brumosa de lenta marcha
ocupar su lugar;
soñando, un perro mueve las patas,
jugando a correr tras pelotas de colores
que caen delante de él.

La brisa mece ligeros recuerdos 
de niñez de niños 
que no se reconocen,
imágenes de personas cruzan borrosas,
tal que fotografías de larga exposición.

Por la penumbra huye el tiempo,
el tamiz es demasiado poroso,
espectros familiares silenciosos
como en un velatorio anticipado
me rien cuentos malos.

La tarde me lleva al trote,
soy un pasajero liviano de peso,
“I am a passenger,
and I ride and I ride”
asiente La Iguana despacio,
con gesto.

Sucede en una tarde cualquiera,
de cualquier verano.

La maldición

De ojos ciega despertarás,
con las manos vueltas,
la cruz a cuestas
y los dientes rotos;
quemados ya los votos
desde dentro arderás,
y los nuevos salmos
clamarán los locos:

!Bendita tu eres, maldita serás¡
!Bendita tu eres, maldita serás¡

Todo es pasado

Todo es pasado, toda nuestra vida se fue, 
el futuro no ha llegado 
y el presente es pasado inmediatamente, 
así que solo nos vemos si miramos atrás; 
es el eterno juez, ya que nada lo cambiará, 
no valen las excusas, está todo dicho y escrito, 
todo registrado en la eterna memoria del tiempo. 
Pero, a dónde se va el pasado? 
En qué lugar queda guardado? 
El día que lo descubra me alcanzaré hasta allí
y tal vez cambie alguna cosa, 
porque estoy seguro de que no se borra, 
registrado queda para respirar de él cuando se necesite, 
muchas de sus obras podemos verlas aún ahora; 
y aunque no lo veamos, si notamos su peso, 
un peso abrumador, un peso que todos llevamos 
con mayor o menor dignidad, 
al final todo será pasado, 
no hay futuro del no ser.

Aquella tarde

Aún recuerdo aquella tarde
de poner cartas sobre la mesa,
de decir todas esas cosas
que pueden no decirse nunca,
de sinceridad abrumadora y dolorosa,
de mal trago y peor resaca,
de mirada al suelo,
de recelo por si mientes,
de consuelo y alegría,
de confirmación y asentimiento,
de aceptación,
de besos y roces,
de abrazos y viejas cartas.
Cuánto hubo de cierto,
no sé,
si todo o algo suficiente,
no quiero saber,
fue aguardiente que bajó rajando
y sanando subió hasta los dientes,
aún la recuerdo, vaya tarde,
allí estábamos,
aquí estamos.