Retrato de invierno

“Quien diga que las estaciones duran lo mismo, o miente, o se fía del calendario…el invierno es, con diferencia, la estación que más tiempo dura, aproximadamente el doble que el verano y, digamos, un 66% más que la primavera y el otoño (aquí habría muchos matices que contemplar); y va desde últimos de noviembre hasta últimos de abril, además, es la estación que más se hace notar, de la que más comentamos, la que más nos habla al oído, la que más nos incomoda la piel, la más dura, la más recia, la que menos miramientos se toma durante su transcurso…hay un dicho que dice “no somos nada, y menos en la ducha”, pues en invierno tampoco somos gran cosa, bultos oscuros que se mueven al compás de la racha de viento imperante y poco más…pero bueno, hay quien lo torea con chulería, como el árbol de la fotografía, que se desnuda cuando empieza y se viste cuando llega el calor…algo sabe que no nos cuenta…”

Bancos

“En todos los parques hay bancos que yo llamo “importantes”, son aquellos que están en los mejores lugares, bien pintados y siempre limpios; pero no lejos de ellos están aquellos bancos que no pertenecen a ese grupo, el de los importantes, sino a otro grupo, los “invisibles”, también conocidos como los “olvidados”…se caracterizan por recibir personas que vagan, nocturnas, irresponsables, excesivas…son bancos en los que la suerte no suele sentarse, pasa de largo, aunque hace como nosotros, miramos de soslayo porque hay algo que nos atrae, tal vez el morbo de esa cierta marginalidad…pero hacemos mirada al frente y los ignoramos con garbo…las mañanas suelen ser bastante tristes para ellos, su atención se retrasa en el tiempo, a veces demasiado tiempo, hasta que la noche se repite otra vez…”

Parejas

“Él, alto, delgado, enjuto, la piel se le marca en los huesos de la cara; ella, más baja, le gusta que él le pase el brazo por el hombro, un poco rechoncha, el tiempo no perdona a ninguno…cumpliendo su vespertino ritual, caminan juntos por el parque, ya no se dan la mano como antes, pero sus pensamientos están más unidos que nunca…no dejan un día en venir, ni uno solo, porque temen el día en que solo venga uno…”

Mi rincón

“Tarde tranquila, tarde de reloj lento, sin apenas haber caminado me siento en mi rincón, donde hace sol un rato, al siguiente la sombra, donde me invade esa bendita somnolencia que hace que todo se desvanezca dulcemente; el corazón se acompasa al segundero, veo la gente pasar como en una película, pero no se queda como en la vida, solo me queda mi rincón, el reloj, no necesito nada más…”

Diez minutos

“Érase una vez un reloj y un cuco…un cuco cansado del tiempo, de su inexorable paso demoliéndolo todo que, armándose de coraje y osadía, decidió anunciar la hora por su cuenta aprovechando que el tiempo miraba hacia otro lado, levantando su pico al sol recitó todas las horas que le vinieron a la cabeza, incluso repitió varias hasta que, cansado y satisfecho, tomó el programa y se dispuso a anunciar las oficiales 3 de la tarde; todo ello duró unos diez minutos, diez minutos de sueños, diez minutos de libertad, de ser uno mismo…diez minutos más valiosos que todas las horas de todos los demás días…”

Escena

“Escena de otro tiempo, escena de un momento anterior, de cuando la vida caminaba en lugar de correr, de plácido transcurrir mirada al frente, de inercias moldeables todavía, escena de final irrepetible, escena con fundido a negro…”

Aquellos días…

“Aquellos días en la pérgola…encuentros a medias, encuentros que empezaban tarde y terminaban pronto, demasiado…momentos que las ramas de los árboles intentan cubrir, como pensamientos que ya no pasan el filtro de la débil memoria…”

De esperanzas y vacíos

“El mismo parque, los mismos bancos, la misma hora y las mismas tardes…las mismas ausencias, las mismas tristezas, el mismo transcurrir del tiempo y la misma desesperanza…los mismos anhelos y las mismas tardes…por llegar…”

La Tarde

“La tarde en horas bajas, somnolienta, que desdibuja nuestro pensamiento, de ideas inconexas, dejándonos llevar, permitiéndonos acompañarla…”