Café a tres

“Tardes de calor y sombra de avellanos, de charlas distendidas mecidas por la débil brisa, un rincón cercano y apartado a la vez, dejando que nuestra mente proporcione las palabras que no llegamos a pronunciar conscientemente, de debates por momentos polarizados, en los que, de no haber acuerdo tampoco habrá empate, tardes en las que el tiempo transcurre a la velocidad de la naturaleza, en las que el espíritu recarga su batería, tardes en las que descalzos, como una eléctrica toma a tierra, descargamos los malos sentimientos”.

Excesos

«En estos días, además de los excesos habituales, llamémosles así, se producen otros que no pasan desapercibidos, son el exceso de hablar, se habla demasiado y sin pensar, con buena intención…si, pero demasiado, hablamos de todo y con todos…también hay un exceso de buenas intenciones y deseos, que ya sabemos que no vamos a cumplir por nuestra parte, y de la otra sabe dios…; hay exceso de promesas, una cosa es una buena intención, pero prometer es un paso más adelante que, en realidad, no pasa de ser otro simple deseo; hay más excesos, exceso de verse, de ayudarse, de consolarse, de quererse…palabras importantes, pero excesos que la más leve brisa se lleva antes que esa triste hoja seca…hay una maldita inercia que nos lleva a cometerlos, una especie de obligación que no llego a entender…en fin, me paso estos días con el freno puesto, por si acaso, aunque pisar el acelerador un poco tampoco viene mal para saber como estamos de mecánica…»

Encuentros

«Encuentros fugaces, expectantes, incómodos a veces, ingenuos también, verdades y mentiras valientes, cobardes disfrazados…citarse de nuevo…»

Juntos…

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«Somos amigos desde el comienzo: comunes nos son la tristura y la pavura y la hondura; hasta el sol nos es común.

No hablamos entre nosotros, pues sabemos demasiadas cosas -: callamos juntos, son- reímos juntos a nuestro saber.

¿No eres tú acaso la luz para mi fuego? ¿No tienes tú el alma gemela de mi conocimiento?

Juntos aprendimos todo; juntos aprendimos a ascender por encima de nosotros hacia nosotros mismos, y a sonreír sin nubes»

Así Habló Zaratustra

Nietzsche