Cinexin

Así es ver el mundo dividido en trozos, no vemos su totalidad en ningún momento, tampoco somos conscientes de nuestra influencia, de nuestro paso, solo fragmentos de sombras, pequeños rastros a los que llamamos nuestra vida; menos mal que, en la antesala de la muerte, nos muestran nuestro deambular vital al completo proyectado con un Cinexin, con las pilas justas, eso si.

Tarde de verano

La tarde se cuela de través,
una luz brumosa de lenta marcha
ocupar su lugar;
soñando, un perro mueve las patas,
jugando a correr tras pelotas de colores
que caen delante de él.

La brisa mece ligeros recuerdos 
de niñez de niños 
que no se reconocen,
imágenes de personas cruzan borrosas,
tal que fotografías de larga exposición.

Por la penumbra huye el tiempo,
el tamiz es demasiado poroso,
espectros familiares silenciosos
como en un velatorio anticipado
me rien cuentos malos.

La tarde me lleva al trote,
soy un pasajero liviano de peso,
“I am a passenger,
and I ride and I ride”
asiente La Iguana despacio,
con gesto.

Sucede en una tarde cualquiera,
de cualquier verano.

Interior

“La belleza interior es, a menudo, oscura, con zonas difuminadas, incómoda incluso; la belleza interior, ya de por sí, es esquiva, se oculta y se disfraza. Llegar a ella supone un gran esfuerzo y, en ese caso, tratar de sacarla al exterior se convierte en una prueba de resistencia, el fracaso abunda pero, algunas veces, se consigue, entonces lo oscuro se vuelve luz resplandeciente, una luz que toca el alma y nos eleva”.

Zona oscura

“Vértigo de levantarse cada mañana, de ver la perspectiva del día que tienes por delante, de no ver las cosas claras, no hay día que no tenga su parte oscura, puede haber más o menos luz, pero siempre hay una zona en penumbra a la que nos da miedo entrar; sin embargo, debemos transitarla también, tenemos que hacerlo y, dependiendo de cómo lo hagamos, así saldremos de ella para continuar el diario viaje, unos darán pasos firmes con fuertes pisotones, otros deslizando el pie, produciendo apenas un susurro, otros se pondrán su particular capa de invisibilidad, otros…otros no entrarán en la zona oscura, y no seguirán camino, se quedarán en la luz amable y tranquilizadora del hoy, ojalá les dure mucho tiempo…”

Como pez en una pecera

“Me veo a mi mismo, y también a través de mi, veo, también, a través de las personas con las que me cruzo, es una sensación extraña más que sorprendente, me doy cuenta de que no veo la persona, su esencia, que solo veo la parte física, la menos importante, la más débil; veo que desaparecen a los pocos metros, y aparecen igualmente poco delante de mi, como si el mundo se hubiera reducido, estrechado, como si el espacio-tiempo apenas abarcara unos segundos hacia el futuro y el pasado, ese “más allá” ya no está a mi alcance, soy como un pez en una pecera…hoy está lloviendo, las gotas de lluvia, pocas, hacen un ruido tremendo, un estruendo que, como un mantra, me invade el pensamiento e impide ser consciente de lo poco que me era posible serlo, intento explorar el reflejo que aparece en el suelo, en los cristales, por poco que sea, tal vez encuentre un nuevo espacio en el que mirar, un espacio sin pérdidas, un espacio en el que encontrarnos y ser….”

Era, sobre todo…

“Era, sobre todo, en verano, cuando los plomos de los techados se fundían cuando aquellos grandes muros ennegrecidos en tristeza abundaban, cuando la canícula o el brumoso otoño,
irradiaban los cielos con su fuego monótono,

y hacían adormecer, en los esbeltos torreones,
los vocingleros gavilanes, terror de los blancos pichones; estación de ensueño, en que la musa se engancha durante un día entero al badajo de una campana;
donde la melancolía, al mediodía, cuando todo duerme, el mentón en la mano, al fondo del corredor,
—la pupila más negra y más azul que la de la Religiosa de la que cada uno sabe la historia obscena y dolorosa—, arrastra un pie fatigado por precoces molestias,
Y su frente humedece aún la languidez de sus noches.”

Las Flores del Mal

Baudelaire

Silencio

“6 de la mañana, salgo de casa a pasear con mi perro, aún está oscuro, ni siquiera se vislumbra el amanecer, camino como un autómata por una senda prefijada, no veo a nadie pero mi cerebro pone en mis ojos una película de seres caminando en todas direcciones, me siento acompañado…

…en unos momentos, mi cuerpo empezará, como ha hecho estos días anteriores, a recoger información a través de mis sentidos, mi corazón acelerará sus latidos, empezaré a oír sonidos que no existen, de una sensación de desasosiego pasaré a otra de nerviosismo, un estado que solo desaparecerá cuando vuelva a casa…al principio me costaba asimilar y entender qué me pasaba, ahora ya lo sé, ya sé lo que me sucede, lo que ocurre o, mejor dicho, lo que no ocurre…es el silencio…”

Se echa la tarde…

“Se echa la tarde encima, el tiempo se sitúa ahora en ese interludio entre la luz y la oscuridad, entre luces que ya no iluminan, que poco a poco perfilan las sombras…es ese momento del día en que el reloj se para, la mente se vacía y las imágenes pasan de los ojos al cerebro sin filtro alguno, el cuerpo no responde a los pocos estímulos del ambiente, no hay ruidos ni voces, ni sentidos ni pensamientos…en ese momento las leyes físicas poco importan, no nos afecta la gravedad, no ocupamos lugar físico alguno, se pueden vislumbrar otras versiones de nuestro entorno, perdemos física pero no esencia, de hecho, la esencia aumenta, entramos y salimos en un mini universo, un universo propio, íntimo…aprovechad ese momento antes de que se desvanezca…es real…”

Si ves una luz…

“Como dice la introducción a Espacio en Blanco, “Solo desde la más completa oscuridad puede volver la luz”; a veces, tenemos que bajar hasta el fondo para tomar impulso y salir con fuerza, bastará una pequeña luz que nos guíe y desear hacerlo…

La oscuridad no es mala “per se”, pero permanecer mucho tiempo en ella si puede serlo, el ser humano no está hecho para la oscuridad, necesita la luz; cuántas veces decimos que nos hemos visto arrastrados a ella cuando, en realidad, nos hemos dejado caer…

Si ves que una luz atraviesa por delante de ti, síguela o, al menos, fíjate hacia donde se dirige, ya tomarás ese camino después…”

Alma

“Parece…no, estoy seguro…mi alma se oscurece…hace tiempo que lo siento, creo que se acrecienta con el paso del tiempo, es una sensación como de frío que solo dura un instante, y a la que te acostumbras enseguida…eso es lo que más miedo me da…antes era una intuición, una sensación vaga, sugestión…pensaba…esta mañana, al levantarme, sentí su peso…así es, cada vez pesa más, cada vez es más difícil de llevar…lo curioso es que cada vez se hace más pequeña, como un pequeño agujero negro con su particular horizonte de sucesos, su punto de no retorno, a partir del cual no hay salvación posible…mi alma se oscurece, ya la siento más…y la noto menos…”