Diez minutos

«Érase una vez un reloj y un cuco…un cuco cansado del tiempo, de su inexorable paso demoliéndolo todo que, armándose de coraje y osadía, decidió anunciar la hora por su cuenta aprovechando que el tiempo miraba hacia otro lado, levantando su pico al sol recitó todas las horas que le vinieron a la cabeza, incluso repitió varias hasta que, cansado y satisfecho, tomó el programa y se dispuso a anunciar las oficiales 3 de la tarde; todo ello duró unos diez minutos, diez minutos de sueños, diez minutos de libertad, de ser uno mismo…diez minutos más valiosos que todas las horas de todos los demás días…»