“Era una tarde gris de principios de otoño cuando me di cuenta del vacío, de la soledad que me acompañaba, curiosa paradoja, las personas habituales habían desaparecido, los pájaros, de haberlos callaban, algo cambió esa tarde, un nuevo sentimiento, más hondo, una nueva conciencia, más profunda, que nacía de dentro y formaba una burbuja a mi alrededor, ya nadie podría entrar en mi espacio; mientras, yo permanecía prisionero dentro de mi mismo, el viento arreciaba y pulía mi piel al pasar, pronto acabarían por verse los huesos de la calavera.”

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