Tarde de verano

La tarde se cuela de través,
una luz brumosa de lenta marcha
ocupar su lugar;
soñando, un perro mueve las patas,
jugando a correr tras pelotas de colores
que caen delante de él.

La brisa mece ligeros recuerdos 
de niñez de niños 
que no se reconocen,
imágenes de personas cruzan borrosas,
tal que fotografías de larga exposición.

Por la penumbra huye el tiempo,
el tamiz es demasiado poroso,
espectros familiares silenciosos
como en un velatorio anticipado
me rien cuentos malos.

La tarde me lleva al trote,
soy un pasajero liviano de peso,
“I am a passenger,
and I ride and I ride”
asiente La Iguana despacio,
con gesto.

Sucede en una tarde cualquiera,
de cualquier verano.