Intentar el día

Intentar el día al anochecer,
juntos los nervios, ligero temblor,
decir cuentos, mirar sonrisas,
olvidarlo todo, casi;
devolver las penas a su sitio,
cerrar con llave, candado y cadena,
la gloria que entra por los pies,
cantares que me llevan;
estirar, expandir, extender,
y con las piernas y los brazos,
volar,
guardar, recoger, retener,
a los sueños y los que sueñan,
velar.
Redobles y festejos,
neones y guirnaldas,
veo la tristeza tan lejos,
que no me alcance la mañana.

Una diferencia

Una diferencia hay
entre dormir y soñar,
cuando duermes mueres,
cuando sueñas cantas;
una diferencia hay
también al despertar,
unas telarañas viejas
y las horas que se van,
en la cara la brisa fresca
y una barca junto al mar.

Olvidarte

Te partí en trozos
para más fácil dejarte,
de una vez es imposible,
no quiero romperte tanto;
te dividí en tres partes
porque no quería dañarme
pero veo que no acerté,
ahora tres veces tengo
que olvidarte.

Tu mar

Ya toca el sol las olas,
desde el puerto solo veo
nubes en un océano sin agua,
espuma de un mar seco
que me salpica la cara
como látigo de cuero;
la tarde renquea, tarda
en decidir cuándo marchar,
pidiendo la luna permiso
para encenderte un fanal;
y dices que eres real,
que lo eres porque te veo,
no sabes que mis ojos ya
no ven los luceros,
solo recuerdos de postal,
quejidos en blanco y negro,
para seguirte me quedo,
solo quiero ver tu mar.

Figuras

“Algunas fuertes, recias, decididas, vigorosas,
otras vacías, sin presencia, apenas un relieve, 
así como caminamos todos los días, 
días mejores y días peores, 
pero una parte la ponemos nosotros
independientemente de cómo nos traten las circunstancias, 
no podemos modificar todo a nuestro gusto, 
pero sí podemos hacer más casi siempre. 
Estas figuras no dejarán nunca de caminar hacia adelante, 
deberíamos hacer un poco como ellas, 
agachar un poco la cabeza, subir los hombros, 
y en marcha, 
la inercia nos ayudará a echar a un lado 
lo que no nos sea conveniente, 
la decisión mantendrá el paso firme”.

Tarde de verano

La tarde se cuela de través,
una luz brumosa de lenta marcha
ocupar su lugar;
soñando, un perro mueve las patas,
jugando a correr tras pelotas de colores
que caen delante de él.

La brisa mece ligeros recuerdos 
de niñez de niños 
que no se reconocen,
imágenes de personas cruzan borrosas,
tal que fotografías de larga exposición.

Por la penumbra huye el tiempo,
el tamiz es demasiado poroso,
espectros familiares silenciosos
como en un velatorio anticipado
me rien cuentos malos.

La tarde me lleva al trote,
soy un pasajero liviano de peso,
“I am a passenger,
and I ride and I ride”
asiente La Iguana despacio,
con gesto.

Sucede en una tarde cualquiera,
de cualquier verano.

La maldición

De ojos ciega despertarás,
con las manos vueltas,
la cruz a cuestas
y los dientes rotos;
quemados ya los votos
desde dentro arderás,
y los nuevos salmos
clamarán los locos:

!Bendita tu eres, maldita serás¡
!Bendita tu eres, maldita serás¡