Recuerdo…

“Recuerdo aquella conversación, lo que se dijo…ha pasado tiempo, y en mi cabeza solo resuena lo que no se llegó a decir…entre medias hay un espacio gris, liso, uniforme, un espacio casi vacío de no ser por ese ruido…en un instante el suelo pasó a ser un plano inclinado y resbalé de manera irremisible…recuerdo que aparté algunas verdades para poder seguir adelante…a veces, solo las mentiras tienen asidero…tanto la luz como la oscuridad me cegaban, aunque no quería mirar abría los ojos, no sé qué intentaba ver…hice lo que pude para no entrar en el laberinto, y así no tener que salir de él…en cuando noté la primera brisa de aire me dejé llevar, me daba igual si el viento soplaba del mar a tierra, o de tierra a mar…la cuestión era que en mi mano llevaba el mapa del mundo…podía ir a donde quisiera…”

Despacio

“Si miro hacia atrás, veo la espalda de lo que pasó, de cómo fue, de lo que ya no me sirve, casi siempre me duele mirar atrás, incluso lo bueno se diluye, no es consuelo para mi necesidad; si miro hacia adelante, las cosas no tienen color aún, ni contorno, solo es bruma, entrecierro los ojos pero no las distingo, es frustrante, solo tengo ansiedad; no entiendo como el ahora es tan efímero, y ni siquiera llega a serlo, el ahora es fue o será, no existe…no quiero vivir en el ayer o el mañana, no es aceptable la opción, tan solo quiero que, cuando pases a mi lado, lo hagas despacio, lo más despacio posible, antes de ser ayer…”

Retrato de invierno

«Quien diga que las estaciones duran lo mismo, o miente, o se fía del calendario…el invierno es, con diferencia, la estación que más tiempo dura, aproximadamente el doble que el verano y, digamos, un 66% más que la primavera y el otoño (aquí habría muchos matices que contemplar); y va desde últimos de noviembre hasta últimos de abril, además, es la estación que más se hace notar, de la que más comentamos, la que más nos habla al oído, la que más nos incomoda la piel, la más dura, la más recia, la que menos miramientos se toma durante su transcurso…hay un dicho que dice «no somos nada, y menos en la ducha», pues en invierno tampoco somos gran cosa, bultos oscuros que se mueven al compás de la racha de viento imperante y poco más…pero bueno, hay quien lo torea con chulería, como el árbol de la fotografía, que se desnuda cuando empieza y se viste cuando llega el calor…algo sabe que no nos cuenta…»

Silencio

«Bajo mis pies, sobre mi cabeza, por doquier, el silencio, El silencio que hace que uno quisiera huir,
El silencio eterno y la montaña inmensa,
Porque el aire está inmóvil y todo parece soñar.»

Las Flores del Mal

Charles Baudelaire

Soledad, compañera…

«Soledad, compañera…tiene un toque de paradoja esto, no?…me cuesta imaginar el mundo sin soledad, sin ese estado interior, a veces tan profundo, casi místico otras…me cuesta imaginar esos paseos al atardecer, los momentos de tristeza, la enfermedad, esos momentos sin ella…me cuesta…tal vez tiene mucho de deseo lo que digo, tal vez no quiero que pueda no estar…

Soledad, compañera…a quién hablaría entonces si no estás, quién escucharía mis monólogos, quién me aconsejaría en mis desesperos, quién me acompañará en mis paseos, cuando ni al sol proyecte sombra y mis pasos no hagan ruido…

Soledad, compañera…llama a la puerta ya, que yo te abro…»

Desde lo oscuro

«Es curioso como habiendo oscuridad y luz, día y noche, más o menos a partes iguales, dependemos tanto de una y tememos (o cuando menos, no nos gusta) la otra; el día es la vida, su luz es el motor que nos mueve…la noche nos da miedo, nuestros instintos de defensa se disparan, buscamos resguardo, nos acurrucamos, no vivimos…porqué no estamos hechos para desarrollarnos en ambos?

Incluso nuestros pensamientos son diferentes según el momento del día o la noche…en la oscuridad emerge desde nuestro interior ese otro yo, el que nos cuenta cosas que no queremos oír, cuyos susurros producen desasosiego, su directa mirada nos intimida, más cuando nos vemos ahí reflejados…pareciera, incluso, que la oscuridad libera los pensamientos que de otra forma, reprimidos o ignorados, no acuden de día…

Parecemos esa hoja que intenta escapar de lo oscuro buscando la poca luz que le sea suficiente, buscaremos la luz aunque ésta nos ciegue…»

Un día cualquiera de invierno

«Respiro agitadamente, el corazón acelera para bombear el rojo vivo, los ojos lagrimean, las venas se estrechan para no exponer la sangre, mis pensamientos se ralentizan, o son menos veloces, no sé…cuesta dar otro paso…lo doy…me pongo en modo automático esperando que se resuelva la situación lo mejor posible…aún no ha amanecido, y tardará en asomar la luz…hay sombras a mi alrededor que, según transcurre el tiempo, se definen perdiendo su esencia…solo los pájaros parecen vivos…es un día cualquiera de invierno…»