Era una tarde gris…

“Era una tarde gris de principios de otoño cuando me di cuenta del vacío, de la soledad que me acompañaba, curiosa paradoja, las personas habituales habían desaparecido, los pájaros, de haberlos callaban, algo cambió esa tarde, un nuevo sentimiento, más hondo, una nueva conciencia, más profunda, que nacía de dentro y formaba una burbuja a mi alrededor, ya nadie podría entrar en mi espacio; mientras, yo permanecía prisionero dentro de mi mismo, el viento arreciaba y pulía mi piel al pasar, pronto acabarían por verse los huesos de la calavera.”

Aquellos puentes

Dónde están los viejos puentes, a dónde se fueron?, éstos modernos nos hacen cruzar demasiado rápido; aquéllos donde el pasar a otro lado confundía origen y destino, donde el tiempo y el puente eran la misma cosa, donde la gente advertía la hazaña, donde, por corto que fuera, no se veía el final, el puente era el viaje en sí mismo; a dónde se fueron aquellos puentes que nos hacían llegar, y al atardecer volver con reflejos dorados o tempranas nieves; la verdad es que se nos ha olvidado cómo se construyen, cómo pasar de la teoría a la práctica a la hora de tenderlos, ya solo ponemos piedras sin sentido.

Hereje

Altiva, recia torre, símbolo universal, templo de (o)cultos, sempiterno faro espiritual, pero no nos confundamos, es el sacrílego y hereje sol quien la ilumina, señala el camino y crea la vida.

Camino pródigo

Cálzate las botas y al paso,
hasta el horizonte allá,
si no inicias el camino
no llegarás jamás.

Ahora te das cuenta
fijando la mirada,
que aquella línea final,
aquella línea lindera
se mueve a tu compás.

Por detrás no viene nadie,
a nadie dijiste que te marchabas,
que a buscarte ibas aquella tarde,
que te encontraste,
que solo un poco moriste,
salvaste lo que pudiste
y el resto dejaste.

Es el camino pródigo,
donde el tiempo prestado
junta extraños vecinos
para hacer el viaje a tu lado.

Tuberías

Nuestras vidas, todo uno, unas veces rectas, fuertes, de colores lustrosos, en privilegiada posición, otras ajadas, oxidadas, que se pueden romper por cualquier lado en cualquier momento, cubiertas de lo que fueron tonos vivos, ahora huellas que señalan el paso por malas circunstancias; y entre medias, vidas rotas, vidas que solo apreciamos si se acercan a nosotros, dejadas atrás con intencionada indiferencia, a las que falta apenas una pequeña pieza que las permita continuar, con qué poco se arreglaría tanto… Y todas juntas, que paradoja, tan diferentes y con objetivos tan dispares, en la misma dirección, pero con distintos sentidos.

El bosque

A veces, un árbol, o varios, nos impiden ver el bosque, unas veces son árboles que crecen silvestres, otras fueron plantados por otros, y otras, aún siendo pocas, y por desgracia, somos nosotros los que los ponemos ahí; no nos sirve con ponernos un velo delante de los ojos, ya ponemos un árbol entero con tal de no ver el bosque, que felices estamos contemplando nuestro árbol, que plácidamente, ignorantes, vivimos… el bosque sigue existiendo pese a nuestros patéticos actos y, no olvidemos, que seguimos quedándonos fuera del bosque.

Cinexin

Así es ver el mundo dividido en trozos, no vemos su totalidad en ningún momento, tampoco somos conscientes de nuestra influencia, de nuestro paso, solo fragmentos de sombras, pequeños rastros a los que llamamos nuestra vida; menos mal que, en la antesala de la muerte, nos muestran nuestro deambular vital al completo proyectado con un Cinexin, con las pilas justas, eso si.

Intentar el día

Intentar el día al anochecer,
juntos los nervios, ligero temblor,
decir cuentos, mirar sonrisas,
olvidarlo todo, casi;
devolver las penas a su sitio,
cerrar con llave, candado y cadena,
la gloria que entra por los pies,
cantares que me llevan;
estirar, expandir, extender,
y con las piernas y los brazos,
volar,
guardar, recoger, retener,
a los sueños y los que sueñan,
velar.
Redobles y festejos,
neones y guirnaldas,
veo la tristeza tan lejos,
que no me alcance la mañana.

Una diferencia

Una diferencia hay
entre dormir y soñar,
cuando duermes mueres,
cuando sueñas cantas;
una diferencia hay
también al despertar,
unas telarañas viejas
y las horas que se van,
en la cara la brisa fresca
y una barca junto al mar.